Por qué la autoestima es el mejor ingrediente para triunfar en la cama

La primera cualidad para disfrutar realmente del sexo no reside en nuestras medidas ni habilidades amatorias, sino en la psique y no necesita de nadie más que uno mismo para activarse.

No hay nada como tener seguridad en uno mismo para acudir a una cita erótica con todas las de ganar. FOTO: CORDON PRESS

“¡Qué tu primer amor sea el amor propio!” era el lema de una campaña de educación sexual para prevenir embarazos prematuros y no deseados en Colombia. “No puedo ser la mujer de tu vida porque ya soy la mujer de la mía”; otra máxima empleada, esta vez en España, para luchar contra la violencia de género. Las citas vienen a cuento porque a la hora de hacer un listado de las cualidades, habilidades, actitudes y partenairs que serían deseables para doctorarnos en lujuria existen muchas propuestas: tener un cuerpo de infarto, pesar ocho kilos menos, disponer de más tiempo para masturbarnos y explorar nuestros cuerpos o que el destino nos regale un hombre/mujer bueno y trabajador –también entre las sábanas-. Sin embargo, muy pocas personas añadirían a la lista la cualidad indispensable, la base de todas las demás, la raíz que permite que las otras florezcan: el amor propio o la autoestima que, además de ser fundamental para otras muchas facetas de la vida, es como una negligee para el intelecto, la virtud que nos hace más sexys a los ojos de todos aquellos con la capacidad de ver más allá de sus narices, es decir, los que realmente interesan.

Seguramente, la solución a muchos conflictos eróticos habría que buscarla en el diván, ya que según Ana Yáñez, sexóloga, psicóloga y directora del Instituto Clínico Extremeño de Sexología, “la falta de autoestima es un factor de riesgo que aumenta la aparición de problemas sexuales y se interrelaciona con la satisfacción sexual.Ambos elementos interactúan tan íntimamente, que en muchos casos es muy difícil saber qué fue primero, el huevo o la gallina”.

Un estudio llevado a cabo por la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, un departamento de la Johns Hopkings University, en Baltimore (EEUU), llegó a la conclusión de que hay tres atributos de la personalidad que están muy ligados al nivel de satisfacción sexual, que esta investigación definió con dos parámetros: frecuencia para llegar al orgasmo y nivel de disfrute al dar y recibir sexo oral. Pues bien, las cualidades psicológicas más eróticas son, según estos resultados: la autonomía, la autoestima y la empatía. La mayoría de los esfuerzos, sin embargo, se invierten en agradar al otro, a la sociedad, a los amigos o en sacar nuestro mejor perfil en las redes sociales; olvidando la tarea más urgente que es erotizarnos a nosotros mismos, o lo que los practicantes de tantra denominan ‘despertar al amante que llevamos dentro’.

“En psicología se dice que una buena autoestima es como una vacuna frente a lo que nos pueda pasar en la vida. El psicólogo norteamericano Albert Ellis sostenía que la base de la depresión o la ansiedad puede estar en esquemas equivocados que hemos construido y con los que funcionamos en la vida diaria. Modelos que necesitan siempre de la aprobación externa”, apunta Marisol Delgado, psicóloga y especialista en psicoterapia por la European Federation of Psychologists Associations (EFPA), con consulta en Avilés. “La autoestima es la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos con nuestras habilidades, capacidades, potencial; y como afrontamos también nuestros errores y limitaciones, como digerimos las críticas sin hundirnos y sin necesitar la aprobación de nadie”, añade Delgado. “Es una cualidad que se construye en los primeros años de la vida a través de los mensaje recibidos de las personas que nos importan, pero que también se desarrolla a lo largo de la vida, con los acontecimientos y los sujetos que nos rodean”.

Los anglosajones gustan de diferenciar entre self confidence y sexual confidence, pero es solo un ejemplo más de la natural inclinación de su lenguaje a crear nuevas combinaciones y permutaciones; ya que, básicamente, es la autoestima aplicada a la cama. Además de un machete para abrirnos paso en la jungla de la vida laboral y social, el amor por nosotros mismos es tan útil a la sexualidad como los ejercicios de Kegel, así que yo que ustedes empezaría a entrenarlo. Muchos provenimos de una cultura judeocristiana, con miedo a generar seres arrogantes, que criaba niños inseguros y pendientes de la aprobación de sus mayores. Pero entre un bonaerense y un gallego hay una amplio y sano margen. Estos son algunos de los beneficios sexuales de ejercitar este músculo tan indispensable.

1. La belleza está en el interior de una sólida autoestima

Todavía para muchos el pilar de una vida sexual prometedora reside en la belleza, en una ecuación simplista y de perogrullo que pregona: soy guapo/a + joven = soy follable, y que restringe el placer sexual a la mitad de la población mundial. “La presión sobre la percepción corporal siempre ha sido muy grande en las mujeres porque se nos ha vendido la idea de que el sentido de la vista juega un papel crucial en la excitación masculina”, apunta Ana Yáñez, “sin embargo, últimamente, esta preocupación empieza también a afectar a los hombres que ven como una nueva tarea, la de estar estupendos, se suma a la que ya tenían antes, la de ser el sostén de la relación sexual, la de estar a la altura y la de proporcionar placer a la mujer”.

En este afán por la perfección estética, los genitales femeninos son la nueva asignatura que hay que aprobar con nota si se quiere ser ‘deseable’ y que además proporciona sustanciosos beneficios a la industria estética –en España la cirugía genital es la operación estética que más aumenta, según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE)-.

Sin embargo, según los expertos, entre los ingredientes del sex appeal,solo un 10% reside en la apariencia, el 30% está en la mente y el 60% restante en la personalidad y el carisma. “La actitud es lo que hace a las personas más atractivas. La seguridad en sí mismas, una postura relajada frente a lo que pasa a su alrededor. Y eso se consigue con una sólida autoestima”, afirma Marisol Delgado. La mayoría de mis amigas mayores de 45 pedirían volver a tener el cuerpo de hace 20 años con la mente y la experiencia de ahora. Pero como eso es imposible les obligo a elegir, sexualmente hablando, con qué se quedarían. Todas optan por el packseguridad en sí mismas + arrugas, sin dudarlo.

2. ¿Quién dijo miedo?

El enemigo número uno del placer es siempre el miedo, y como éste es libre se manifiesta en las formas más diversas. Miedo a no gustar, a fracasar una vez más en la relación, a no obtener el placer que se espera, a defraudar. La lista es larga y las tácticas que ponemos en practica para evitar añadir una muesca más a estos apartados, innumerables. “Las personas con una baja autoestima o, lo que es lo mismo, un locus de control externo, son muy vulnerables, se sienten indefensas y buscan la seguridad en otros, lo que les crea una dependencia emocional fuerte que los puede llevar a acabar en relaciones tóxicas o con maltratadores”, apunta Yáñez. “Más pendientes en la aprobación externa que en su propio disfrute, evitarán los conflictos, comunicar sus verdaderas emociones, lo que les agrada o no y, si lo hacen, lo harán a medias con lo que es posible que se creen malentendidos”.

El miedo es también un ingrediente muy contraproducente para alcanzar el orgasmo, la petite mort, muy relacionada con el hecho de dejarse llevar, de perder el control. ¿Quién va a permitirse ésto si vive pendiente de qué dirán? Como apunta Valérie Tasso en Antimanual de Sexo, (Temas de Hoy, 2008): “el orgasmo no es una casualidad que se presenta, es una decisión que se toma. Una determinación a la que se llega, después de haber realizado una valoración, durante la interacción sexual, de esas circunstancias concretas que nos proponen la posibilidad del orgasmo. (…) Un orgasmo no se tiene, se aprende a tenerlo. O mejor dicho, se aprende a “permitirse” obtenerlo (…) Sobre todo, hay que formarse en el difícil arte de dejarse llevar, de dejar que la decisión quede en manos de nuestra respuesta sexual y no de nuestras “razones”.

3. Menos tremendismo y más espontaneidad

El amor propio no solo nos ayuda a reconocer nuestras virtudes sino que tiene mucho que ver con esa cualidad tan de moda que se llama resiliencia, capacidad de las personas para sobreponerse al dolor emocional o a las situaciones adversas. Como apunta Delgado, “la autoestima nos ayuda a encontrar el equilibrio entre las propias necesidades y las de los demás, a no depender de los criterios ajenos a buscar la motivación intrínseca, a renunciar a la perfección y a abandonar, de vez en cuando, esa cualidad tan española que es el sentido del ridículo”. En las relaciones sentimentales, ayuda también a quitar parte del tremendismo que se destila en las rupturas o malas experiencias. “La autoestima nos hace ver que seremos capaces de afrontar la pérdida, incuso que podemos vivir felices sin pareja, renunciando al mito del amor romántico”, señala Yáñez.

Pero si hay algo que se beneficia de la acción impermeabilizadora del buen concepto de uno mismo es la espontaneidad. Cualidad nunca suficientemente alabada en la cama. Sin miedo a las críticas ni al ridículo todo es posible. ¿Le apetece sorprender eróticamente a alguien este Halloween disfrazado de oso, proponerle un arriesgado juego de cama o practicar con él/ella lo aprendido en el curso acelerado de shibari(bondage japonés)? ¡Hágalo!, ¡nadie hablará de nosotros cuando estemos muertos!

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