«El porno está educando a nuestros jóvenes en prácticas sexuales»

Ana Yáñez HOY

Ana Yáñez, en su consulta. / BRÍGIDO

La falta de formación influye en la persistencia de actitudes machistas y en la transmisión de enfermedades venéreas, según esta profesional.


JOSÉ M. MARTÍN Twitter-Download-PNG

Lamenta que en España, al contrario de lo que sucede en otros países europeos, la educación sexual no esté incluida en el currículo académico a todos los niveles educativos. Ana Yáñez, sexóloga y directora del Instituto Clínico Extremeño de Sexología, considera que impartir esta materia favorecería el desarrollo personal. La entidad que dirige organiza el Máster en Sexología, Orientación y Terapia Sexual de la Universidad de Extremadura, en el que ella es docente.

–¿A qué edad hay que empezar a impartir educación sexual a los jóvenes?

–Desde que un bebé nace se les está dando educación sexual, porque se le socializa en un entorno en el que hay connotaciones sobre cómo debe comportarse, qué tipo de juguetes tiene o cómo debe vestirse en función de su género. Lo ideal es que en las escuelas se impartiera educación sexual desde los tres años. Evidentemente, cada etapa tiene unas necesidades.

–¿Qué es la educación sexual?

–No es hablar de relaciones sexuales y coitales. Educación sexual es hablar de valores, del respeto al propio cuerpo y al ajeno, de afecto, de higiene corporal y de maneras de cuidarse y de dar cariño. En otros niveles podemos hablar del enamoramiento, de lo que significa tener pareja, de la reproducción y de los cambios corporales en las diferentes edades.

–¿Cómo se actúa en los centros educativos en este ámbito?

–Algunos centros educativos solicitan a profesionales cualificados en esta temática que impartan charlas o talleres de educación sexual. En la mayoría de los casos se programan para los adolescentes y alumnos de Secundaria, porque es cuando comienzan a darse ciertas cuestiones, como embarazos no deseados o sus primeras parejas. En ocasiones son los padres quienes lo demandan al tener dificultad por las preguntas que les hacen sus hijos. En cualquier caso, esto se queda corto y el principal problema es que la única educación sexual extendida es la pornografía y la realidad es que el porno está educando a nuestros jóvenes en prácticas sexuales, ni siquiera en sexualidad.

–¿Qué diferencia hay?

–La sexualidad abarca muchos aspectos de la persona, como los psicológicos, biológicos y sociales. Por otro lado, la práctica sexual más habitual en la pornografía está basada en el coito y desde una perspectiva que sabemos que no es real.

–¿Los jóvenes también saben que no es real?

–Muchos no. Saben que es ficción, pero entienden que esas prácticas sexuales son las que gustan o las que uno debe conseguir y las intentan llevar a su vida sexual. En la pornografía se reflejan aspectos físicos muy llamativos y cuerpos muy distintos a lo que en la calle es algo normalizado. Tener eso como referente, puede generar frustraciones en quien no puede alcanzar esos prototipos y en quien piensa que solo así puede ser feliz o gustar a alguien. Aunque, si se le da un uso correcto, el porno no es malo.

–También refleja conductas machistas.

–Hay cierto machismo, como lo hay en toda la sociedad. Se ve al hombre en una posición de poder sobre la mujer, que tiene un papel de sumisión. Por eso, los beneficios de la educación sexual no son solo evitar infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados, también son favorecer que las personas tomen decisiones responsables, que aprendan a decir que no o a diferenciar una relación de posesión de una relación sana.

–¿Qué se entiende por relación sana?

–Una en la que haya igualdad y respeto. Para esto es necesario que las personas cuenten con información que les ayude a conocer, aceptar y respetar su cuerpo y el de otras personas. También es importante que cada individuo sepa que tiene que decidir y llevar las riendas de su propio placer y de la sexualidad y no sucumbir a la presión social.

–¿Cómo hay que trabajar en esta línea?

–Hay que tratar de romper las creencias erróneas sobre las relaciones de pareja y las relaciones sexuales y acabar con los mitos del amor romántico, que realmente hablan de posesión, coacción o chantajes emocionales. Esto favorece la prevención en muchos aspectos sanitarios, pero también repercute en el crecimiento personal.

–¿En qué influyen estos mitos desde el punto de vista sanitario?

–Pensamientos extendidos acerca de que el preservativo solo es necesario para evitar embarazos, la existencia de la llamada ‘píldora del día después’, el machismo existente en ciertas relaciones o factores personales, culturales y sociales hacen que persistan comportamientos no saludables y que generan enfermedades y embarazos no deseados. La única forma de avanzar es con educación.

–¿Se ha perdido el miedo a las enfermedades de transmisión sexual?

–Hace cuatro o cinco años hubo un repunte en la población menor de 25 años en infecciones como sífilis, gonorrea, papiloma o herpes. Esto se debe a que muchos jóvenes están muy equivocados y creen que saben mucho de sexo y de relaciones, a lo que se une que también hay mucha información no contrastada al alcance de todos en Internet que genera confusión. Se confían en que no pasa nada.


«No se suele hablar de las disfunciones, pero son habituales»

Ana Yáñez afirma que entre un 9 y un 13% de la población acude a las consultas de profesionales por disfunciones sexuales, pero especifica que el porcentaje sería mucho mayor si todas las personas que padecen un problema de este tipo recurriera a expertos en la materia. «Cuesta reconocerlo y no se suele hablar de las disfunciones, pero son habituales», según esta sexóloga, que cita la eyaculación precoz, en los hombres, o el vaginismo, en las mujeres, como las más comunes.

En esta línea apunta que las disfunciones necesitan tratamiento para mejorar. «El tiempo no lo cura todo, lo hace la intervención», indica.